La maduración es un proceso bioquímico natural de ablandamiento. Tras el sacrificio, las enzimas de la propia carne (proteasas) comienzan a descomponer los tejidos conectivos de forma controlada.
Para que este proceso sea de calidad superior, la carne debe reposar en condiciones de atmósfera controlada:
Temperatura: Mantenida rigurosamente entre 1ºC y 3ºC.
Humedad: Estabilizada entre el 65% y el 85%.
Ventilación: Un flujo de aire constante es vital para que la pieza se deshidrate externamente, creando una costra protectora que preserva la jugosidad interior.
Este proceso es laborioso y lento. Exige una dedicación máxima, ya que un error en la humedad o un cambio en la temperatura podrían arruinar una pieza que ha tardado años en criarse.
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